LAS
EXPRESIONES “PERDEDOR” Y “FRACASO”
EN “CALLEJON CON SALIDA”
De dos expresiones
se hace uso repetido en el informe del PNUD para Colombia titulado El
Conflicto, Callejón con salida, a
saber, a) que el conficto es un “fracaso”, y b) que es una lucha de
“perdedores”. “La ‘guerra’ ha sido un fracaso; fracaso para la insurgencia, que
en cuarenta años no ha tomado el poder, y fracaso para el Estado que no ha
podido poner fin al desangre”, esto se aduce en la pag. 16 del Informe.
Dejo pasar sin
comentario la idea que va subentendida en la anterior cita, en el sentido de
que si la insurgencia no toma el poder, o el poder estatal no la derrota, la
evolución social de la nación colombiana no es significativa. Todo dato social,
por absurdo que parezca, encierra un tesoro informativo.
Decir que la
guerra civil colombiana[1]
es un “conflicto de perdedores” involucra en el proceso analítico ¾de por sí bastante complejo¾ un elemento intruso, el cual
viene a confundir las prioridades del investigador y a desviar la dirección de
la investigación.
La emisión de
juicios de valor (“fracaso“, “perdedores”) en el análisis social tiene una
conección directa con el concepto de la objetividad científica.
Comienzo por
afirmar que los fenómenos sociales no admiten deduciones a priori , y
cualquier juicio de valor es apriorístico. Si se asigna un “quanta” de valor al
análisis, sin que al final resulte extirpado el “quanta”, la objetividad sufre
mengua, toda vez que la reflexión investigativa contaría con un derrotero
valorativo y con condiciones preestablecidas que no se colocan en el banquillo
de los acusados. Es obvio que el concepto de valor no ilumina el camino, antes
bien, es esteril como herramienta final de trabajo. No urge mayor
intronspección deducir que, fuera de lo ya dicho, el juicio de valor trae al
examen social un claro y censurable elemento teleológico.
Por otro lado, los
juicios de valor dan primacía a lo subjetivo sobre lo objetivo, lo cual sitúa
lo socialmente real y lo investigativamente válido en supeditación a
compromisos teóricos ilícitos. No se enfatizaría lo suficiente sobre cuáles son
los conceptos prioritarios en el análisis social si no se repitiera ad
nauseam que los valores dominantes son aquellos impuestos por los elementos
¾imparcialmente
definitos¾ sociales,
políticos, culturales, económicos, del universo analizado. De otra manera el
resultado quedaría incorregiblemente impregnado de subjetividad.
Desde luego, no es
difícil reconocer que en casi todo trabajo de investigación social se cometen
abusos flagrantes en torno a la objetividad analítica, ya por causas
partisanas, ya ideológicas, culturales o de clase. Pero tampoco es imposible
distinguir entre lo falso y lo legítimo . Y por lo tanto, no es extraño entre
científicos sociales detectar la oblicuidad mental de los colegas y aun así, o
quizás gracias a esto, distinguir lo que es válido en el trabajo de estos y
utilizar lo fáctico y legítimo.
Podríase apelar al
recurso kantiano de mirar la cuestión no en base a prenotandos epistemológicos,
sino axiológicos. O apelando a la distinción diltheyana de sublimar el carácter
real del mundo social humano, antes de apelar a deducciones trascendentales. No
es neceario. Pero sí quisiera adjuntar, en evocación de David Hume, que no
compete al analista temer la subjetividad que lo acosa, si lo que finalmente se
impone en su juicio es un concluyente tan razonablemente objetivo como lo
defina su profesionalismo y ética. En especial, siendo cierto, como lo indica
Alfred Schutz, que el científico social lidia con “material preinterpretado”,
es decir, dependiente de la orientación teórica de los científicos que lo
analizaron antes.
Pero, eso sí, un
abismo que, aunque difícil, es necesario vencer es el siguiente: por un lado
está el accionar y el pensamiento de quienes actuan el hecho social, y por otro
el analista que lo estudia. Para los primeros, el hecho social es natural,
para los segundos, convencional. No que el investigador no llega al dato
con una serie de preconcepciones y hasta prejuicios, lo cual es inevitable.
Sino que a lo largo del análisis socio-histórico su aparataje epistemológico lo
va guiando hacia una solución exenta de subjetividades. En la medida en que
tenga éxito esta operación ¾¡gran
batalla!¾, en esa
medida el análisis será válido; en la medida en que falle, será desechable
(Leon Goldstein). Y aquí de nada sirve y nada aporta alegar que el fenómeno
analizado fue un “fracaso” o una lucha de “perdedores”. El cuerpo evidencial y
el bagaje histórico social lo precluyen, y la lógica[2]
del estudio social, a la cual esta
supeditado el analista, lo imposibilita.
Quien desee probar
la legitimidad de lo antedicho podría formular este interrogante: ¿desde qué
punto de vista es un “fracaso” y un encuentro de “perdedores” el conflicto
colombiano” ? ¿Desde el punto de vista del Gobierno Nacional? ¿Desde el enfoque
de la insurgencia o la contrainsurgencia? ¿Desde el punto de vista de un
observador imparcial? ¿Para la evolución político-social de Colombia?
Que ninguno de
estos interrogantes queda formulado o satisdecho en el Informe, es lo
suficientemente elocuenta para tener por nulos los dos juicios de valor a que
he hecho referencia en este articulo. L
[1] Guerra Civil. En el artículo titulado “Colombia: la guerra civil tripartita”, del archivo “Colombia”, explico por qué creo que el conflicto colombiano merece calificarse de “guerra civil”.
[2] Lógica de Investigación. Para una explicación de la “lógica de Investigación”, refiero al interesado a mi artículo “Explicación y síntesis en Callejón con salida (2)”.