El PORTICO
INDISPENSABLE PARA “CALLEJON CON SALIDA” (2)
Imperativo es, al analizar Conflicto,
callejón con salida, tener en
cuenta que en las operaciones emic-etic no se precluye la colaboración entre el
analista y el informante, antes bien, se anticipa. Pero, dependiendo de la
estructura del discurso, los informantes pueden rendir descripciones ya “etic”,
ya “emic”. Si la respuesta del informante se identifica con los conceptos y las
categorías del analista, esas respuestas son “etic”. Cuidado debe ejercer, sin
embargo, el analista de no excederse al usar el elemento “etic” en lo
concerniente a la vida mental del participante, y de evitar suplantar una
alternativa “etic” para cada operación “emic”.
A suficiente ilustración, por
más que desde el sistema científico idealista se declare que todo conocimiento
es “emic”, negar la validez de las descripciones “etic” lleva a desconocer la
posibilidad de unas ciencias sociales aptas para explicar de modo científico la
fenomenología sociocultural. Lo cual conduce al relativismo total.
Otro escollo epistémico
deriva de la norma tendiente a demostrar que el comportamiento humano es
determinado por el pensamiento y que el comportamiento social esta regido por
reglas, las cuales dos observaciones son obvias. Cito a Marvin Harris: ”La
disputa entre el determinismo mental y el comportamental no depende de si la
mente humana determina la acción, sino de si la mente determina la selección de
los pensamientos culturalmente accionables. Como dijo Schopenhauer: ‘El ser
humano desea lo que elige, pero no elige lo que desea’”.
Finalmente, la ventaja causal
de que en el análisis goza lo comportamental (behavioral) sobre lo
mental, elucidado desde el punto de vista “etic”, pone en duda la noción de que
la predictibilidad de los hechos se logra concentrando el análisis en las
operaciones “emic”, o en las mentales.
SUMATORIA
La diferencia entre el
constructo del analista y las concepciones del actor es crítica para la teoría
y el análisis sociales. Y si el analista desmantelase las diferencias entre el
actor y él, la evidencia, distorsionada, perdería su postulada efectividad. La
síntesis final produce la interpretación. En consecuencia, el analista que sea
prisionero de sus criterios, predilecciones y posibles prejuicios, gustos o
antipatías anula la síntesis y estropea la interpretación. La clasificación y
el ordenamiento de los datos es pues fruto de la experiencia, imparcialidad y
pulcritud científica.
La dinámica del proceso es la
siguiente: Los actores producen hechos que se convierten en evidencia, ya
mental, ya comportamental (behavioral), la cual se sintetiza en
conclusiones. Pero el tiempo es un factor a ser tenido en cuenta. Los modelos
para interpretar la realidad y las teorías sólo gozan de validez en su momento
histórico. Y como el universo social de los investigadores cambia con el
tiempo, nuevos análisis y nuevas interpretaciones se hacen necesarios. La
objetividad, bajo este esquema cambiante, no puede ir más allá de la lealtad a
los determinantes sociales y a los conceptos teóricos prevalecientes en el
momento en que se ejecuta el análisis. Mas la lealtad al estudio de las
entidades internas (mentales) del actor y sus actos externos (comportamiento),
en un proceso comparativo verstehen (i.e., de profundidad y
amplitud), es válida en toda época.
Empero, efectuar la tarea
primaria de estudiar la situación del actor, su interpretación de la situación
y sus actos relativos a esta situación, y efectuar luego el acto secundario
pertinente a la evaluación que hace el analista de los actos y la situación
objetiva del actor, efectuar, digo, estas dos operaciones, de ninguna manera
ponen punto final a la tarea investigativa, pues hasta ese momento no se habría
hecho sino un análisis estático. La realidad, sin embargo es dinámica.
El actor vive en constante reexamen de la realidad que lo circunda y golpea. El
feedback que recibe al obrar es constante y, para complicar la cosa, el
actor puede entender mal las causas de las consecuencias que sufre.
Por lo tanto, consumado el
examen aludido, se debe examinar no sólo lo que la realidad obra en el actor y en
el analista, en términos de la situación, sino el comportamiento y las
consecuencias para el actor, así:
1.
Determínese la situación
“real” según la interpretacion del actor.
2.
Descúbranse las
acciones del actor en la situación.
3.
Detéctese el feedback
de que es objeto el actor. ¿Tuvieron sus actos la consecuencia esperada por
él?
4.
Defínase la situacion
“real” del actor, tal como la “ve” el observador.
5.
Trácense las
consecuencias, anticipadas o no, de las acciones del actor.
6.
Compárense las
consecuencias de los hechos del actor con la situación según el observador, con
la interpretación y el comportamiento del actor y sus conclusiones después del feedback.
7.
Estúdiense las
ramificaciones a corto y largo plazo del comportamiento del actor.
8.
Enlácense, de acuerdo
a las teorías accionables, en uso en el milieu científico del analista,
los ahora sí diferenciados niveles y categorías de comportamiento del actor.
El resultado es el siguiente:
el analista finalmente ha diferenciado entre la interpretación del actor y la
situción real, tal como el actor la entiende; las acciones del actor tales como
son reconstruidas por el analista, y las consecuencias, intencionales o no del
comportamiento del actor. En un análisis tal, se perciben con facilidad las
incongruencias de la situación y de los actores. La riqueza de esta clase de análisis
alienta y lleva a presentar en toda su amplitud una realidad histórico-social diferente
de la tradicional.
Una famosa obra en la cual se
pone en uso este procedimiento, aunque no del todo, es The Age of Reform:
From Bryan to F.D.R., de Richard Hofstadter. Aquí se ilustra la necesidad
de entender ambos puntos de vista y de juzgar la percepción de la realidad del
actor. Pero la obra falla en demostrar
que la realidad, desde el punto de vista del investigador, Hofstadter, es la
acertada, y que sus puntes de vista son funcionales. Demostrar nada más que la
diferencia de opiniones entre analista y actor no es suficiente y es lesivo al
análisis, como ya se vio. Un esfuerzo más
sistemático, basado en un modelo contraevidente, (counter-factual), se
hace menester.
Esto trae a colación un
aparte del Informe, El Conflicto, callejón con salida, en el cual se
entrevé el criterio de análisis que informa la obra, en mi opinión totalmente
ineficiente en lo epistémico (p. 16):
“Las explicaciones cotidianas
acerca del conflicto armado colombiano suelen caer en dos extremos: son
demasiados simplistas… o son demasiado vagas... también las actitudes respecto
del conflicto se reparten entre un exceso de resignación y un exceso de
optimismo... Al explicar el conflicto [,en el Informe] tratamos de incluir todos
los factores y sólo los factores que tienen una relacion directa,
específica y bien establecida con las acciones armadas”.
Es
observable que la anterior norma de análisis ¾evocativa de las prescripciones ingenuas de Leopold von Ranke y Foustel de Coulanges¾
quiebra casi todos los fundamentos epistemológicos atrás enumerados, sin
los cuales el examen social no puede rendir resultados válidos. L