LA HEGEMONIA MUNDIAL DEL “HEGEMON”

 

 

     Al principio de la administración Bush, en el año 2000, el concepto del “Unilateralismo” saltó al primer plano. Tras los catastróficos eventos del 11 de septiembre, el concepto se catapultó a las alturas.

 

   El “unilateralismo”, definido como el poder de Estados Unidos para intervenir de y por sí mismo en cualquier escenario mundial con el propósito de defender sus intereses estratégicos nacionales sin consultar con nadie o tener en cuenta los organismos multinacionales, había sido una política alimentada por las mayorías derechistas del Congreso con anterioridad a la inaguración presidencial de George W. Bush y se remonta a los programas de defensa nacional que algunos analistas proponían de forma tentativa en tiempos de la administración Carter.

 

   Para el año 2000 la derecha republicana concebía a Estados Unidos no solo como el único líder mundial sino como el único líder mundial posible, concepto que asentaba sobre la convicción de que en el mundo no había sino un solo sistema económico, el del mercado libre globalizado, y que este sistema económico no crecería en otro contexto que el de la democracia liberal. De los cuales Estados Unidos era cuna y expresión clásica.

 

   El de Estados Unidos no iba a ser, pues, una  nueva forma de colonialismo, sino un manejo de la economía, la gobernanza y el gobierno mundiales dosificados a través de las finanzas, el comercio, el gobierno, la diplomacia  y las fuerzas militares de Estados Unidos.

   En el año 2001 el ideólogo derechista norteamericano Charles Krauthemmer lo compendió en términos délficos pero incautamente perentorios: Multipolarity, yes, when there is no alternative. But not when there is. Not when we have the unique imbalance of power that we enjoy today --and that has given the international system a stability and essential tranquility that it had not known for at least a century. The international environment is far more likely to enjoy peace under a single hegemon. Moreover, we are not just any hegemon. We run a uniquely benign imperium." Es decir, unilateramismo ahora, unilateralismo siempre, abierto o disfrazado.

   El concepto había sido refinado con extraordinaria elegancia y economía de pensamiento en un Oficio del Departamento de Defensa (DOD), en 1992, a la sazón regido por Dick Cheney, gabilan entre los gabilanes. Su implementacion romperia de un tajo con 55 años de diplomacia y bipartidismo exterior estadounidense, lo cual desmantelaba las politicas internacionales de la “contencion” (containment) que delineó con enorme fuerza intelectual el estadista Kennan,  la “disuasion” (deterrence) y el “Equilibrio del Terror”;  sobre que se baso la magistral gestion interglobal americana desde la Segunda Guerra Mundial en adelante. Se trataba del Defence Policy Guidance (DPG), o “Direcciones Sobre Politica de Defensa” y era la nueva Gran Estrategia de la Pax Americana. ¿Sus autores? Dos elementos derechistas del DOD, Paul Wolfowitz y Lewis Libby, personajes en sintonia con estadistas conservadores, con la ultraderecha evangelica de E.U. y con el grupo judio-americano ultraconservador y afin a Ariel Sharon.

   El Oficio visualizaba el dominio de E.U. sobre todo Eurasia, proponia disuadir, si fuese posible, rechasar si necesario, todo país o potencia que apenas insinuara desafiar la potestad americana mundial; usaria metodos anticipatorios (preemptive) y unilaterales para suprimir posibles brotes terroristas. Y optaba por  recomendar el empoderamiento de unas instituciones multilaterales con el expreso fin de proteger los mercados capitalistas, promover economias abiertas y valores democraticos, Urbi et Orbi.  Ademas, imaginaba un mundo en el cual la presencia fisica del poderio americano fuera “un perfil constante”, con Washington como garante y factotum de la estabilidad universal.  

   En lo medular, el oficio declaraba: "Our first objective is to prevent the re-emergence of a new rival… There are three additional aspects to this objective: First the U.S must show the leadership necessary to establish and protect a new order that holds the promise of convincing potential competitors that they need not aspire to a greater role or pursue a more aggressive posture to protect their legitimate interests. Second, in the non-defense areas, we must account sufficiently for the interests of the advanced industrial nations to discourage them from challenging our leadership or seeking to overturn the established political and economic order. Finally, we must maintain the mechanisms for deterring potential competitors from even aspiring to a larger regional or global role."

   En septiembre de 2002, el Presidente Bush presentaba al Congreso su “Estrategia para la Seguridad Nacional de E.U.”, cuyo concepto de fondo era en esencia: “la mejor defensa es una buena ofensiva”. Valga decir,  la fuerza como primer recurso de dominio. Y el concepto global era este: hay solo un modelo sostenible de progreso para los paises, el americano.

   La nueva doctrina americana se predicaba, entonces, sobre la omnipotencia militar-estrategica de Estados Unidos y sobre la realidad y el fetiche, no ya del peligro de ataques inminentes sobre territorio estadounidense, sino del peligro inmanente, horneado en los fogones del temor, justificado o no, y del patriotismo, yingoista o no.  

   Un amplio sector ideologico de aquilatado intelecto apoyaba la nueva doctrina, que ademas incluia el uso de armas atomicas, la violacion impune de tratados sobre control de armamentos y el despliegue de armas letales en el espacio. 

   Los pilares humanos de tal sector eran conservadores de la talla de William Kristol, quien en el año 2001 escribia una carta el Presidente Bush recomendando no solo el exterminio de Osama bin Laden, sino la remocion de Saddam Husein y una retaliacion contra Siria e Iran a cuenta de su apoya a Hizbullah. Se aunaban al grupo Norman Podhoretz, ex izquierdista, Frank Gaffney, del Center for Security Studies, Robert Kagan, periodista, Douglas Feith, ideologo espueludo del Pentagono, Eliot Abrams y Oliver North, tristemente famosos por su participacion en el escandalo Iran/Contras,  Dennis Ross, alcon de alto vuelo, los esposos Wurmser y el editor del Wall Street Journal, Robert Bartley, entre otros. 

  Dando apoya espiritual por retaguardia al anterior grupo compuesto mayoritariamente por judios conservadores, marchaban acompasadas las figuras seminales del  “Cordon Biblico”, es decir del “Sur religioso”, supra conservador y multimillonario: el reverendo Jerry Falwell, lider de las “Mayorias Morales” y Pat Robertson, de la “Coalicion Cristiana”. Cerraba el grupo la presencia pretoriana del general Jay Garner, de ingrato recuerdo como administrador inepto y pasajero del Iraq posbelico.

   El apogeo real y fotogenico de esta doctrina se plasmo sobre la cubierta del porta-aviones en que el Presidente Bush recibio la ovacion nacional apoteosica por el triunfo militar raudo y centelleante de las tropas americanas sobre Iraq. El hoy tristemente prematuro alarde presidencial: ”¡Mision cumplida!”

  Pero si el triunfo fue dulce, tambien fue pasajero: los hombres hacen la historia, la historia decide.

   No habia aun silenciado la cañoneria americana en Bagdad ni terminado de caer las ridiculas estatuas del dictador, cuando comenzo a tronar la fusileria subrepticia de los iraquies descontentos con la ocupacion, con el caos que produjo la guerra, con la inoperancia de un invasor in albis  en cuanto a conocimientos y experiencia reconstructiva y por lo tanto incapaz de proveer algo tan basico como agua, electricidad y tranquilidad al pais victimizado.  Al inigualable triunfo belico americano lo venia a opacar la vegonzosa manifestacion de su iiiineptitud como fuerza generadora de orden, gobernabilidad y democracia.   

   Era obvio que, al principio del proceso de Irak, la arrogancia administrativa de Washington habia dominado la mejor parte del juicio gubernamental que opto por invadir a ese pais del Medio Oriente. La innata inclinacion del Presidente Bush por lo beligerante se habia alimentado en las teorias igualmente desafiantes de los ideologos del pentagono y de la intelectualidad neoconservadora y neocristiana, para fomentar un aventurismo imperial y unilateral de proporciones gigantescas.

 

   Sobre lapprepotencia del unilateralismo afirmaba Rich Lowry:  “Beneath all the vitriolic partisan disagreements about American foreign policy… there is a sort of colonialist consensus, which is why American troops are in Afghanistan and Iraq, Bosnia and Kosovo”. Y Charles Knight apuntaba: “The malady of the revolutionary power increasingly fits the United States; the inability to be reassured is reflected not only in the emerging doctrine of preventive war… The quest for absolute security is not only unreasonable in itself and productive of mischievous consequences for our own policy; it also gravely undermines the capacity of the United States to mediate intractable conflicts in whose peaceful resolution we have a stake…  ‘Do as we say, not as we do’, that principle, if we may call it a principle, can only serve to undermine the efficacy of American diplomacy”.

 

   “The mischievous consecuences”, las traviesas consecuencias, logicamente se evidencian en la presencia de Estados Unidos en Iraq, misma que cada dia se va tornando vejatoria para el país ocupado y mas nociva para el ocupante. “Quagmire”, empantanamiento, parece ser el vocablo, reminiscente de Vietnam,  que ahora acude a los labios de sustentadores y detractores de la ocupacion. Estados Unidos esta borrando con el codo lo que hizo con la mano o, para otros, esta empeorando con las manos una desastrosa situacion que produjo con los pies.”¡El polvo, la sed y la fatiga!es el verso hispano que viene a la mente ante el caos en Iraq.

 

   La doctrina del unilateralismo había dado su primer paso fisico y fue un paso en falso. Voces senzatas como las de Zbegniu Brezshenski aconsejan un curso menos ambicioso para la politica internacional de Estados Unidos. Henry Kisssinger, si bien no riñe con demasiado aliento contra el concepto unilateralista, aconseja prudencia y acomodos cosmeticos. En consecuencia, es de imaginar que la unipotencia norteamericana estara en poco atareada en el arduo trabajo de revisitar sus conceptualizaciones neohegemonicas, lo cual permite al mundo respirar con calma y a los presuntos objetivos en la mirilla de la superpotencia, Siria, Iran y Corea del Norte,  consolidar su rumbo antiamericano y nacionalista con menos temor que antes. La orden del dia, tras el contratepm de Estados Unidos en Iraq, tanto en Oriente como en Ocidente es la de pensar, al tenor de las multiples sorpresas que ha deparado el desarrollo confrontacional del ultimo año.  L