EL POLO “CENTRO-PERIFERIA” COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO
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La dicotomía
centro-periferia ha sido un recurso de análisis, común a las ciencias sociales
y a las biológicas, desde hace varias décadas. Históricamente, su mayor uso y
relevancia, en lo social, se remonta al debate sobre los nexos
políticos-económicos de dependencia entre los países del llamado Tercer Mundo,
el “subdesarrollado”, y los del Primero, o “desarrollado”, que tuvo su apogeo
en los años 70. Esta dualidad ha dado en ser aplicada por algunos científicos a
los dos polos sociales que generalmente se dan en el interior de los países en
desarrollo, la ciudad y el campo, el sector político gobernante y el excluido,
el rico y el pobre, indistintamente.
La polaridad centro-periferia
aparece en el informe El Conflicto, callejón con salida en que se
analiza el conflicto social colombiano de las últimas décadas, como instrumento
teórico de análisis, a pesar de que en diferentes lugares del estudio
inexplicablemente se diluya o niega de forma verbal pero explícita su utilidad,
su instrumentalidad. Es válido, entonces, enfocar dicha polaridad, sensu
lato, para desentrañar su arquitectura y rendimiento explicativo en Callejón
con salida.
El concepto
centro-periferia adscribe a cada uno de sus polos funciones relativamente
específicas. Esto tiende a facilitar la comprensión de las modadilades de
relación que existen entre los dos polos pero, a su vez, a encasillar el
análisis dentro de un mecanismo investigativo que invita conceptualizaciones
predeterminadas como polares, a solicitar contradicciones no necesariamente
reales y a precluir, o por lo menos a dificultar, un enfoque multifactorial o
metasocial.
Al crear una
relación de corte antitético, la polaridad centro-periferia entraba su propia
habilidad para auscultar fenómenos no disruptivos y opaca los fenómenos
contemporáneos compartidos de manera armónica por uno y otro polo.
La polaridad
persiste a lo largo del Informe, alentando aquí y allá la incomparabilidad
entre factores que ameritan un estudio unificado (no polar) y limitando la
identidad de otros factores de análoga resonancia en ambos polos. Por
ejemplo, la incidencia de la Iglesia Católica (tema no tocado en el Informe),
los efectos de las políticas internacionales estadounidenses, europeas y
hemisféricas vis-à-vis con Colombia,
las críticas externas al abuso del Derecho Internaciónal Humanitario y
los Derechos Humanos y los rasgos culturales compartidamente visualizados y
aplicados.
Es cierto que en el campo de la biología se han hallado evidencias indicativas de que ciertos ataques intestinos a la normalidad genática de un organismo por lo general no ocupa al universo entero, sino que se origina en pequeñas y apartadas subregiones, localizadas en su “periferia” (Eldridge, Martin, Wright). Lo cual se ha trasladado al campo social como explicación de que es en la “periferia” donde se puede dar lugar a cambios violentos (como en el caso de los fenotipos biológicos) que llegan a repercutir en el “centro”. (P. Driesner, Dodson, Hallam).
Pero, aun si se
admitiese la especialización aberrante o transgresiva en la periferia social,
el consecuente no sería la crisis o la bisección social, salvo si se hace caso
omiso de las función que juegan en la gestabilidad y maturación del potencial
conflicto factores tan determinantes como la política ¾no la polar, sino la global; no la
que “se retira”, sino la que permanece¾, la economía, la división social de clases, el bagaje
histórico nacional, etc. En un análisis que contemple estos elementos, no puede
postularse para un sector variables independientes que afecten, pero de forma
mecánica, a otro, sino que es en el todo del cuerpo social donde de
forma acústica y proporcional se desarrollan los estímulos y se generalizan los
impactos.
Lo cierto es que
la posición satelital de un fenómeno periférico no confiere autoridad
determinante, aun si esa posición demuestra un potencial evolutivo, dado que en
la periferia el poder de los controles sociales es menor. En fin, el nexo
causal recíproco entre los fenómenos sociales (independientemente de su
puesto en el escalafón de los datos aportados) es la categoría determinante. Y
en cuanto a la metodología: la causalidad no debe definirse como una cadena
longitudinal de fenómenos que el analista concatena según una configuración
binaria. Un fenómeno importante produce un efecto, pero la resultante rebasa su
integumento primigenio, trasciende todo localismo y de tal manera afecta el
cuerpo entero que la explicación del fenómeno rompe el molde de binaridad y
solicita el de lo plenario. El esquema centro-periferia en repetidas ocasiones
sepulta la realidad social.
Como queda insinuado atrás, el Informe Callejón con salida hace uso de la dualidad centro-periferia con una ambigüedad suficiente para rendir tal dualidad improductiva como recurso analítico. En el primer párrafo del primer capítulo del Informe se afirma que la “idea central” del estudio es la ubicación del conflicto en la “periferia”. En el cuarto párrafo ya se niega esto, aseverándose que la polaridad centro-periferia es apenas un “recurso descriptivo”. Queda difícil entender cómo la idea central del trabajo puede ser a la vez importante y superflua, y que sea presentada apenas como un aparato para “describir”, a no ser que el Informe intente fungir como representación y no como análisis. La ambigüedad aumenta cuando adelante se define la polaridad indistintamente como “referente” o “alusión” y cuando contradictoriamente se anota que “… las raíces, el motor, el objetivo y ¾cada vez más¾ el escenario de la lucha armada están principalmente en ese ‘centro’”.
Que en un principo
los forjadores del Informe pensaron en hacer de la polaridad centro-periferia
un recurso teórico legítimo lo patentizan cuando afirman: “’periferia’ y
‘centro’ no son categorías rígidas, sino atributos relativos… su extensión e
intensidad varían con el paso del tiempo… no son internamente homogéneos…. No
son universos aislados sino que interactuan…”. Cierto. Lo desafortunado es que
esta categorización científicamente acertada se hubiese echado por la borda
desde el principio de la investigación y no se hubiese reemplazado con otra
estrategia de analisis. L