LA “INJUSTICIA SOCIAL” EN EL ENTORNO COLOMBIANO. (1)
"Para asegurar [el
republicanismo universal]… deben correr ríos de sangre y venir años de
desolación; así y todo, el objetivo amerita ríos de sangre y años de
desolación."
Thomas Jefferson, 1823
El propósito del
presente artículo es definir el término Injusticia Social, con el fin de
hacerlo operacional dentro del contexto y la crítica al Informe sobre
Desarrollo Humano para Colombia, IDH 2003, del Programa de las Naciones Unidas
Para el Desarrollo, PNUD.
Es mi concepto que
la injusticia social constituye la causa determinante, condicionante, del
conflicto armado colombiano y que los demás factores que sobre el conflicto
inciden son causas precipitantes y secundarias. Este concepto contradice la
parte del informe que mantiene la siguiente tesis: “Las explicaciones
cotidianas acerca del conflicto armado colombiano… son demasido vagas[, por
ejemplo,] ‘es la injusticia social’”.
Trayectoria. En la antigüedad clásica la justicia
se basaba en la habilidad para pagar las deudas, lo cual era una virtud (del
latin virtus, equivalente del griego paideia). En el siglo xviii,
Jefferson estipuló la necesidad de
“tener en mente el sagrado principio de la precedencia de la mayoria sobre
la minoria, siempre y cuando dicha precedencia estribe en los derechos
minoritarios protegidos por la Ley; violarlos generaría la opresión”. El uso
moderno de la expresión lo origina en 1840 el sacerdote siciliano Taparello, y
obtiene prominencia a través de la obra de Tosmini-Derbati, La Costitutione
Civile Secondo la Giustizia Sociale, publicada en 1848. John Stewart
Mill le dio unn vuelco casi antropomórfico al término:
La sociedad debe tratar con igual bondad a todos aquellos que merecen
ser tratados bondadosamente, esto es, aquellos que merecen la bondad en
términos absolutos. Esta es la norma abstracta más alta de la justicia social y
distributiva; hacia la cual deben converger en el mayor grado todas las
instituciones y todos los esfuerzos de
los ciudadanos virtuosos.
Definición. La gama de
definiciones en torno a la justicia social incluye conceptos desde todos los
puntos de espectro político, social, cultural, religioso y filosófico. La
operacionalidad moderna del término, con la cual enfoco el Informe aludido, es
la siguiente:
La justicia social, en su sentido más
amplio, es el principio afirmativo de que todos los seres humanos ameritan
satisfacer sus necesidades humanas básicas, sin importar las disparidades
económicas, la clase social, el género, la etnicidad, la ciudadanía, la
religión, edad u orientación sexual. Incluye además el etablecimiento de una
política sana sobre el medio ambiente y la igualdad de oportunidades en lo
relativo a la salud personal y al desarrollo social, lo cual engloba la
oportunidad igualitaria para sobresalir.
Funcionalmente, la justicia social es el
set de principios cardinales que guían a la persona social a juzgar su
comportamiento comunitario a la luz de normas éticas-humanitarias establecidas
positivamente o no, a través de la historia, por lo cual ciertos derechos
sociales ameritan ser universalmente protegidos.
No obstante, deseo circunscribir el término
aún más, de tal manera que aplique con mayor precisión a la soluación
colombiana actual. La injusticia social seria entonces:
La negación de los valores básicos de ¾ y de los fines deseados por¾
toda sociedad democrática, lo cual incluye la protección de la vida
humana, la satisdacción de las necesidades básicas físicas, espirituales y
sociales del individuo, acceso igualitario a las instituciones societales, a
los recursos legales, a las oportunidades, sin limitantes arbitrarios
basados en interpretaciones antidemocráticas en cuanto a las características
individuales o genéricas que acompañan a la persona social.
Empero, la justicia social es definida por las condiciones sociales imperantes en
un entorno comunitario dado. La justicia social no existe o funciona en el
vacío. Por ende, comporta afinar el término aun más, agregando que:
En el caso colombiano, la injusticia social
destruye los principios y las costumbre que hacen constante referencia a una
sociedad igualitaria y justa. A una sociedad que trascienda la igualdad formal
y se plasme como igualdad sustantiva, a través de una mejor articulación
nacional del discurso social y sobre todo de las prácticas tendientes a
erradicar las desigualdades históricas que han perpetuado la división social en
dos clases, la clase hegemónica y la subordinada; la primera de las cuales ha
negado secularmente a las masas el acceso libre y masivo a los medios de
trabajo, educación, salud y expresion cultural, social y política.
Como en términos analíticos la justicia
social es un instrumento para erradicar la asimetría del poder y del acceso a
aquellos recursos cuya distribución inequitativa propicia el absurdo de que
unos pocos sean la “mayoría” y los muchos formen la “minoría”, entonces la justicia, una vez sea reconocida
como elemento determinante del progreso social colombiano, debería
transformarse en normas reales que sirvan de guía a la política publica
nacional, encaminada ésta a encarar los patógenos sociales que históricamente
han mantenido a Colombia en un estado quasi-permanente de violencia y en
ocasiones¾ como en el
presente¾ de guerra civil.
Por supuesto, la injusticia social no se
autogenera, antes bien, es el producto de la desigualdad, con la que guarda una
relación dialéctica de intercambiables causa y
efecto. Y, desde luego, la desigualdad (y la injusticia social) no
operan exclusivamente de forma vértical o tan solo sobre la clase subordinada.
Por el contrario, su expansión y contraefectos trabajan también de forma
horizontal y transectorial. Por ejemplo, la desigualdad puede afectar a
ciudades “importantes”, a ciertos sectores de la economía hegemónica, a ciertos
departamentos y municipalidades ricos, a las mujers del sector oligárquico e
inclusive a los hombres del mismo, y dentro de la clase subordinada a sectores
los menos tenidos en cuenta.
Añadiría que particularmente en Colombia¾ y en su coyuntura histórica del
último medio siglo¾ la justicia social ha tenido un componente
crítico en la justicia económica. La cual toca al ciudadano y al orden social
por igual. La cual enmarca los principios morales y políticos que guían, o
debieran guiar, las instituciones económicas del país y las del sector
corporativo nacional de negocios. Como
estas instituciones norman la manera como las personas se ganan la vida,
intercambian bienes y servicios y en general crean la base material productiva
de la nación, importa que su rendimiento y actividad vayan en beneficio patente
y cuantificable de todos los colombianos. (El último reporte del PNUD, julio de
2004, muestra una baja en los indicadores del desarrollo humano en Colombia).
Urge que para efectos de elevar la justicia
económica colombiana se atienda el feedback con que se restaura la
armonía y el equilibrio entre el imput y el output económicos
(siguindo tesis de M. Adler y L.
Kelso). Y que se operacionalice la
interdependencia de tres principios fundamentales: 1. El principio de la
participación, el cual describe como se plasman los imputs del
procedo económico con el fin de sustentar a la ciudadanía. 2. El principio
de la distribución, el cual define los derechos del out-take del
sistema económico corcondantes con el trabajo producido y el output generado.
3. El principio de la armonía, que incluye el mantenimiento del
equilibrio entre ingresos y egresos, cabe el fin de detectar desbalances y restaurar
el orden económico.
Algunas exégesis y contradicciones. La justicia
social forma un campo conceptual que algunos filósofos califican de
“disputado”, por no estar univocamente definidas la reglas de la lealtad social
con que se gobiernan las relaciones entre personas en una particular comunidad.
John Rawls, por ejemplo, hace referencia a
las disparidades en los ingresos producidos por la sociedad, como comprobación
de su desequilibrio social. En Colombia, la disparidad de ingresos entre un
Santodomingo, Sarmiento, Mancuse o Raul Reyes y los de quienes habitan el
Cartucho, son un indicador objetivo (i.e., sin tono moralizante)
de la injusticia social colombiana (a pesar de que análogos desbalances afectan
a todo país del Tercer Mundo). El
principio fundamental de Rawls deriva de un hipotético Contrato Social (recurso
de vieja data histórica). “Una vez se decide buscar un concepto de justicia que
nulifique los accidentes de la naturaleza y las contingencias de las
circunstancias sociales, opuestos a la búsqueda de ventajas económicas y
políticas, se llega al principio [de la justicia social]”.
Robert Nozick argumenta la existencia de
indicadores que juzgan a todos por igual, por ejemplo, si la propiedad es
adquirida sin fuerza o fraude la sociedad es justa.
Por otro lado, Von Hayek sostiene que el
termino “justicia social” se usa como instrumento de intimidación ideológica y
de coerccción legal, al hablarse de “desigualdad de ingresos” y de “salarios de
hambre”. Su tesis central arguye sobre la negatividad producida cuando los
gobiernos, en vez de proveer la estructura del crecimiento espontaneo, devienen
monolíticos y echan en sus hombros el deber de proveer la solución a toda
necesidad civil, lo cual debería ser
responsabilidad del cuerpo ciudadano organizado alrededor de su sociedad civil.
Otros mantienen que la mentada justicia social provoca mucha miseria humana (verbigracia, los gobiernos paternales en trance de redistribuir la riqueza a la fuerza). Que siendo el término bastante maleable, se presta para toda clase de manipulaciones políticas y sociales. “Literally millions of people around the world have been murdered by government officials in the name of social justice”, sostiene.
Como contrargumento, desde otros círculos
analíticos se afirma que la injusticia social históricamente se ha retratado en
la manera como ciertos grupos sociales han sido tratados, las negritudes, el
indigenato, el trabajador asalariado, el campesino, la mujer (en especial la
mujer pobre), el inmigrante, el subproletario, el personaje políticamente
exótico.
Complementos a la injusticia social
colombiana. Por otro lado, a nivel nacional o intranacional, el fenómeno
de la injusticia social no es fácil de calificar o cuantificar. Departamentos
colombianos hay y municipalidades en las que la injusticia es menor que al
nivel nacional y vice versa. Un agravante a nivel subestatal consiste en los
limitantes que tiene las regiones para disfrutar los posibles beneficios derivados
de la economóa global, que por lo general beneficia a los privilegiados, en
detrimento de la masa. Y esto a pesar de, y en ocasiones gracias a, la
transferencias de fondos por la vía de los presupuestos nacionales y el sistema
bancario, tanto como a través de las instituciones legales nacionales. A nivel
internacional, la polarización es aún mayor, a cuenta de los intereses de las
potencias mundiales, y por lo tanto la
injusticia se ve agravada aun más.
Finalmente, como en la época global no es
dable ignorar el efecto internacional sobre la realidad política colombiana, es
indispensable tener por incidentes sobre el conflicto armado nacional las
políticas de Estados Unidos para Colombia y el impacto del mercado y la
economía internacionales.
A través de los procesos integrativos
mundiales, las estructuras y las instituciones internacionales generan directa
e indirectamente un alto grado de injusticia, sin que el Estado colombiano sea
parte en la ameloriación o cese del efecto. El mercado mundial esté más allá
del control nacional y polariza sistemáticamente el ingreso y las riquezas.
Paradójicamente, instituciones crediticias como el Banco Mundial y el Banco
Interamericano de Desarrollo, y entidades “gobernantes” como la Organizacion
Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional, exacerban, sin querer queriendo, el problema
de la injusticia social colombiana. L