Aparte 2. Colombia
en la Guerra de Corea. Capítulo II. Prolegómenos del conflicto.
Autores: Gen. Alvaro Valencia Tovar, Jairo Sandoval Franky.
Editorial Planenta. 2001
Cuatro años antes de culminar el siglo xix, la China y Rusia
firmaron un tratado de alianza, en detrimento de los intereses japoneses. El
japón se dio de inmediato a matematizar sus opciones bélicas, que estimaba óptimas,
y a calcular el momento del asalto, que calculaba cercano. En 1904 rompieron
las hostilidades. Y la que es recordada en la historia como la guerra
ruso-japonesa, cruenta y bárbara, retumbó en el Lejano Oriente por un año.
Por el momento, el Japón se hizo a Corea. Controló con mano de
hierro su quehacer político. Arbitró su actividad social. En una palabra, anexó
a la península, la colonizó y hasta le obsequió un nuevo nombre: Chosen. En
fin, durante 35 años tuvo a la península sujeta a sus arbitrios. Hasta que su
calamitosa desventura, en 1945, mudo por un corto lapso la suerte de la
esclava.
El dragón dormido y
el factor soviético
Pero mientras en los estertores del siglo xix el Japón esculpía
su propio imperio, el dragón dormido de la China abría un ojo indagante. Enfrentados estos dos contendores en Corea,
una conferencia en Tien-t’sin, en la primavera de 1885, confinó la beligerancia
a las palabras. La paz inestable se
mantuvo por diez años, al cabo de los cuales el tableteo de las armas anunció
la guerra sino-japonesa. Humillada China en la tierra y en los mares, su
retaliación tendría que esperar casi medio siglo. Ya en 1936 Mao Tse-tung, por
entonces revolucionario en busca de una guerra, pronosticaba cambios sustanciales
en las fronteras nacionales: “La tarea inmediata de la China es la de recuperar
todos los territorios perdidos […]”.
En cuanto a la historia de la Union Soviética y en lo que
interesa a nuestra tarea, basta recordar que cuando, en 1896, la Rusia zarista
otorgó protección consular al timorato rey de Corea, intimidado por, y virtual
prisionero de, los japoneses, el imperio eslavo quedó cara a cara con el del
Sol Naciente. Cuando las fuerzas rusas tomaron Port Arthur de los japoneses, a
la militancia china contra Rusia se unió la de los insulares. Las hostilidades
crecieron, hasta que se desataron en guerra: la ruso-japonesa , que también ya
mencionamos.
Como consecuencia de toda esta perturbación, el Japón emergió
como la potencia suprema del área. L
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