La Raigambre Capitalista de la “Conquista” de la Nueva
Granada
Para finales de la edad Media, Inglaterra se había
convertido en el primer productor textil de Europa, en merced de su auge
comercial y del control sobre la oferta de materias primas. España fue adversamente tocada por este
desarrollo.
Habiendo ocupado
España un lugar de avanzada en la génesis del capitalismo, pasaba a ocupar un
puesto subalterno. Para 1492 había devenido una dependencia de Europa y con las
materias primas y riquezas que traía de América forjaba no ya su propio dominio
industrial y manufacturero, sino el de Inglaterra. Esta isla dejó de ser un
oligopolio exportador y se tornó una potencia textil de libre exportación. Para
fines del siglo xv, Bristol, en Inglaterra, sostenía un nutrido intercambio
comercial con las Españas, mismo que para éstas significaba un canje desigual.
La degradación de
las ciudades españolas redujo el tráfico externo y sus comunicaciones internas.
El surgimiento, en España, de la Monarquía Absoluta fue causal de decadencia.
El descenso de la población mermó la vitalidad del país. La imposibilidad de
mantener precios competitivos frente a los productos europeos derrumbó la
industria textil. Se entronizó el estancamiento industrial. Creció el elitismo
en las prácticas económicas, muy a diferencia de lo que sucedía en
Inglaterra. El auge de la Iglesia
Católica y su entrelazamiento con la Corona empeoró la situación.
Nació entonces en
España la necesidad de asegurarse colonias para satisfacer las exigencias de su
desequilibrada balanza comercial. Efecto colateral fue el imperioso menester de
darle rienda suelta a sus Conquistadores, entre ellos al letrado Gonzalo
Jiménez de Quesada.
Sobre la realidad
histórica de los anteriores sumandos y una vez fue establecida la Nueva
Granada, se forjaron allí enclaves de explotación agrícola y minera que
connectaban más integralmente con la economía de la Metrópoli europea que con
la local, es decir, el capitalismo autóctono se abocaba a la inversión en la
esfera de las exportaciones y del sector terciario. Al mismo tiempo, al interior de la colonia granadina, la
dicotomía agricultura/comercio, tributación/ahorro; campesino/hacendado,
rico/pobre; ciudad/campo crecía con efectos sociales nocivos y atentatorios
contra la igualdad entre las gentes. Estas antítesis sociales abonaban la
tierra en que crecerían con el tiempo la desigualdad y las vejaciones de clase
y, con ellas, su concomitante obligado, la violencia de clase.
Asi enfocada la colonización
de la Nueva Granada, el elemento subjetivo basado en los factores “raza” y
“carácter” como explicación de la implantación española en tierra americana
tiende a desdibujarse. Y a surgir la noción de que España vino a cumplir en la
Nueva Granada una misión impuesta con obligatoriedad por el progreso
económico-cultural de su continente y por la propia coyutura histórica en que
tuvo que actuar. Valga decir, España obró en la colonia granadina según el
dictado que le fue impuesto por la realidad histórica contemporánea y, como
resultado, las modalidades violentas de
su conducta colonizadora fueron las impuestas por las condiciones objetivas de
su desarrollo, tanto el sustantivo como el circunstancial, mas no por las
demandas de raza y/o carácter nacional.
Lo cual significa que la célebre “crueldad” española y la metodología de su violencia se supeditan no ya a la naturaleza humana de los Conquistadores, sino a las necesidades del avance económico y social de las colonias españolas en tierras inéditas.
Esto explica por
qué a la Nueva Granada llegaron dos clases de hombres, los que hablaban por
medio de los arcabuces y los que daban
razones teológicas para que los arcabuces hablaran, mientras sanaban con
oraciones y catequización el sufrimiento de los naturales, víctimas de los
arcabuces benditos.
“La pólvora contra
los infieles es incienso para el Señor”, se decía entonces en tierras
españolas. Lo político se imbuía de sacralidad y lo sacro, de política.
La espada y la cruz hacían trabajo de hermanas. Los Conquistadores, mitad
bárbaros y mitad Cristianos, y los religiosos, mitad Cristianos y mitad
Conquistadores, trabajaban con el mismo fin. Al paso de las centurias esa
violenta realidad lejos de desaparecer se fue sedimentando.
Como resultado,
las marcadas y violentas diferencias sociales que lacran y sangran a la
Colombia del Siglo xxi tienen su origen en el desenvolvimiento histórico
producido desde la incepción hispana en tierras indígenas, posteriormente
granadinas, luego colombianas. Y mientras las colonias inglesas de Norteamérica
llegarían al nuevo continente esgrimiendo las practicas nóveles y eficaces de
capitalismo vanguardista, a las tierras colombianas llegaban las de un
capitalismo sufragáneo y satelital. L