LA SOCIEDAD CIVIL, SUS AUXILIARES,
SUS PROPOSITOS
La comunidad colombiana americana en su
conglomerado haría bien en recordar hoy algo que parece haber olvidado ayer: la
existencia de sus obligaciones civiles. Y reconocer lo que parece no haber atendido:
que las obligaciones civiles deben materializarse en hechos.
No admite género de duda afirmar que la comunidad
colombiana americana puede llevar a efecto un empoderamiento sustantivo como el
que necesita, y necesita de inmediato. Pero también que si el empoderamiento no
se origina y se sustenta en la sociedad civil, la comunidad, en el mejor de los
casos, retomará su camino histórico a tontas y a locas.
Lo anterior significa que a la sociedad
civil comunitaria le corresponde mantener un contacto, disciplinado, racional,
permanente y autínomo con la sociedad política estadounidense y con el Estado, y en especial con los
partidos políticos y el Gobierno USA, puesto que unos y otros son
indispensables para el funcionamiento del mecanismo estatal. No existe
alternativa a la anterior.
Es más, el momento formativo que la
comunidad vive, esto es, su régimen de unificacion limitada, inevitablemente
exige que para estabilizar su progreso establezca en E. U. una relación de
doble vía entre lo civil y lo político y, de forma análoga, entre lo civil y lo
económico.
Esto significa que la sociedad civil debe
instaurar formas autóctonas, valga decir, colombianas americanas, de expresión,
y formas de analizar la aplicabilidad local de las que en otras comunidades han
sido de utilidad práctica. Desde luego, al hablar de formas "colombianas"
no estoy intimando el uso de las truculencias o los subterfugios con que se
maneja en Colombia el trabajo por la sociedad.
En este sentido, no es apenas local la
tarea de la sociedad civil colombiana americana, sino que su extensión debe
llegar a Colombia, adonde debe desempeñarse con metodologías de carácter
innovativo.
Problemas para ser resueltos por la sociedad
civil colombiana y colombiana americana, en conjunción, son los siguientes:
1.
La legitimidad democrática colombiana. Resulta urgente señalar la manera como
los caminos procedimentales de las políticas gubernamentales, parlamentarias,
jurídicas y electorales deben empalmar con los procedimientos ¾mucho más amplios y democráticos ¾ del público civil, dispersos,
como están estos últimos procedimientos, en una amplia gama de asociaciones,
fundaciones y organismos.
2.
El nudo del constitucionalismo. No menos urgente resulta estudiar cómo la
sociedad civil, y en qué medida, debe participar directamente en las
formulaciones constitucionales y en el desarrollo de una conciencia constitucional
civil. Y examinar si la Constitución puede ser también “de” la sociedad
civil, caso de que: a) ésta creara canales de participación colectiva y b)
llegara a fortalecer (o limitar) aquellas organizaciones civiles políticamente
relevantes:
3.
El mecanismo de la democracia. Apremia conocer la manera como en Colombia se
acoplarían su histórico presidencialismo democrático (o un futuro
parlamentarismo) con el previsible desarrollo de asociaciones y públicos
incrementalmente activos en la esfera política. Existe un número crecido de
tipos o combinaciones posibles, y por lo tanto aplicables al caso colombiano.
Elemento indispensable para que la sociedad
civil pueda operar en Estados Unidos, Colombia o cualquier otro país, es la
existencia de los derechos fundamentales de asociación, de asamblea, de
expresión, de comunicación y de privacidad y, por supuesto, la civilidad y la
rendicion de cuentas . Aunque un elemento dirimente digno de tenerse en cuenta,
por su potencial nocivo, será la modalidad del diálogo entre asociaciones con diferentes grados
de nivel o composición democrática: jurídicas, religiosas, científicas,
sociales. Bien que, por otro lado, es esta pluralidad de opiniones y filosofías
públicas lo que hace de la sociedad civil el foro indispensable del diálogo, y
el palenque del quehacer democrático.
En la esfera de la democracia pública, los
medios de comunicación y los periodistas tienen una función capital que
cumplir. Su labor debe ir saturada de un altruismo inclaudicable. Ya la Escuela
de Frankfurt, a pesar de su análisis sesgado, desenmascaró dos de los varios
problemas que aquejan el sistema de las comunicaciones libres: 1. La
"comodificación", la comercialización de la noticia y del comentario.
2. Su posible burocratización y, si se quiere, su institucionalización.
Necesario, entonces, establecer en un diálogo sociedad civil/medios de
comunicación el grado y los modelos de interrelación entre unos instrumentos
de información y análisis seducidos por atractivos monetarios y golpeados por
imposiciones estatales, y un público social cuyos legítimos objetivos van en
busca de espacios y de voz.
En conclusión: el modelo democrático para
ser postulado, tanto en Colombia, como en la comunidad colombiana en E.U.,
pareciera incluir una ciudadanía activa y razonante involucrada de profundo en
el funcionamiento de su sistema de gobierno. Porque la democracia, en una
sociedad moderna, ya no se alimenta de consensos "pre-políticos" ¾como los hasta hoy generalizados en
Colombia¾ ni se
alimenta tampoco de las "tradiciones", sino que busca la legitimidad
de su causa y sus avenidas de acción en el proceso político en cierne y
movimiento. Pero en un proceso que preste atención a las fluctuaciones
actitudinales y normativas de la sociedad civil, la que se va transformando a
sí misma a través de una política de democratización interna y nacional.
Política que si bien se remonta, cuando lo necesita, a los paradigmas de la
política formal, va forjando al galope los patrones de la nueva democracia pública,
tanto en lo conceptual como en lo práctico. L