¿DE DONDE VIENE LA SOCIEDAD CIVIL?
La trayectoria histórica. La resolución del conflicto entre las
necesidades propias del individuo y las de la sociedad en general ha sido un
problema inherente a las comunidades humanas occidentales desde la época
del clasicismo griego, cuando el hombre se propuso resolver a través del
diálogo público la problemática civil de su conglomerado humano. Ya Aristóteles
definía las leyes como el resultado consensual de la deliberación pública entre
personas ‘comunes’, no entre ‘expertos’. La sociedad civil moderna nacía. En
siglos posteriores, en los del arreglo feudal, la ley y el orden se supeditaron
a la fe. Y las Sagradas Escrituras suplieron los valores morales sobre que se
basarían el poder del Estado y las leyes humanas. La sociedad civil recibió
entonces un golpe brutal. Las tesis claveteadas siglos después en las puertas
de la iglesia de Wittenberg, le devolvieron una porción de los derechos
perdidos, pero fueron las ideas de la Ilustración las que vinieron a abrirle
las compuertas que por siglos habían detenido sus corrientes de avance y su
libre expresión. Así, para evitar que una clase social exacerbara el equilibrio
comunal, la sociedad civil europea introdujo el célebre Contrato Social. Por
otra parte, la moral (colectiva) se usaría en adelante para establecer
propósitos, y la razón (también colectiva) para obtenerlos. Es decir, el
principio matriz de la sociedad civil sería el de la moral puesta al servicio
de la concordia pública. Con Kant, por primera vez en la historia humana se
reconocía a la sociedad civil como algo diferente y separable del Estado. Y,
con Tocqueville, una multitud de hombres asociados libremente, por fuera del
Estado, se enseñaba como la mejor garantía del éxito de las políticas publicas.
Con el tiempo, el progreso industrial trajo
consigo la alienación de la persona humana, al no serle permitido al trabajador
desarrollar su personalidad individual. La sociedad civil instauró entonces una
lucha que culmina, en la época contemporánea, con eminentes logros ciudadanos,
como lo es el poder vivir y competir las personas, de igual a igual,
dentro de un arreglo político de instituciones democráticas. Surge últimamente
como actor trascendental de la sociedad civil el vasto sector de lo no-público,
en el que la interacción de la ciudadanía se manifiesta a través de una
pluralidad de asociaciones, sin que el concepto moral que una de ellas sostenga
funja como el preceptor de las demás. En el mundo contemporáneo, según Rawls,
un consenso constitucional de personas (que no el Estado) viene a sustentar la
igualdad de los derechos individuales, a validar un discurso político universal
e incluyente y a mantener un teatro político de altruismo, permisividad y
entendimiento.
La diferenciación de la sociedad civil y
del Estado. De la enunciación combativa de Locke, enfrentándose en el siglo
XVII al absolutismo de Hobbes y al monarquismo de Filmer, nace la correlación sociedad
civil-legitimidad de poder. Es decir, en Locke ya aparece prefigurado el rasgo
capital de la sociedad civil: una sociedad dentro de la cual las instituciones
no-políticas ya no están dominadas por las políticas y ya no asfixian a los
individuos. Y en el escosés Ferguson surge el representar a la sociedad civil
como formada por personas unidas por nexos de solidaridad, pero enfrentadas a
terceros, en especial en el campo económico. De Hegel emana la noción de la
importancia del corporativismo social: La corporación es [...] la raíz ética
del Estado ahondado en la sociedad civil. La simbiosis sociedad civil/individuo
la presenta Hegel así: El individuo se ha tornado hijo de la Sociedad Civil, la
cual tiene tantas pretensiones respecto a él, como derechos tiene él respecto a
ella. O sea, la sociedad civil se manifiesta en sus asociaciones, comunidades y
corporaciones constituidas, las que mantienen una conexión y una cohesividad
política preeminente.
De Hegel, a la defensa que Gramsci haría
luego de la sociedad civil no había sino un paso: En la noción del Estado, dice
Gramsci, entran elementos que deben ser referidos a la sociedad civil, vale
decir, hegemonía revestida de coerción. Sólo que incluye dentro de la sociedad
civil a institutos de enseñanza, iglesias y órganos de prensa; y privilegia el
combate de persuasión pacífica que se libra dentro de la misma sociedad civil
con el fin de afilar las armas con que se pretende defender el sistema
democrático de gobierno.
Resumiendo. En Locke, la sociedad civil se
formula por primera vez. Hegel la sistematiza. Gramsci la convierte en la
estratega y el factótum del progreso civil de las naciones.
Conflicto Sociedad Civil-Estado. Con
el advenimiento de Thatcher y Reagan en el teatro mundial, se emprendió una
lucha sin cuartel contra el Estado benefactor y se descalificaron las
reivindicaciones políticas de los sectores subalternos. Diez años después, y
como respuesta (apolítica) a estos asaltos oblicuos a la sociedad civil, se
comenzó a reestructurar el ‘espacio público’ social. Ultimamente la sociedad
civil ha venido tematizando su nueva estrategia de avance y creando las reglas
del nuevo juego democrático. Y autolimitándose: 1. Diferenciándose de la
sociedad política, a la que no pretende sustituir, pero si regenerar. 2.
Deslindándose de las relaciones mercantiles, es decir, del sector corporativo
privado. De esa manera rechaza el reduccionismo que antaño identificaba a la sociedad
civil con el mercado económico y la colocaba dentro de la sociedad política.
La sociedad civil contemporánea lucha por
ubicarse en un Tercer Dominio que no se presenta como enemigo inveterado del
Estado, pero que sí lo fiscaliza o reconstruye desde una matriz cultural
independiente. Lo anterior entendido como: “la habilidad de los individuos a
responder y a identificarse con los otros sobre la base del mutualismo [...]
sin tener que calcular las ventajas individuales y sin que sea obra de la
compulsión”, según el dictado de Edward Shils. Es el concepto de la “civilidad”:
o sea, buscarle al conflicto de los intereses individuales en pugna una
solución equitativa dentro de la colectividad.
En cuanto a Colombia. En términos teóricos,
urge que en Colombia se fortalezca la cultura social en que se apoya la sociedad
civil democrática. La continuidad de los ideales políticos modernistas (que se
han ido desmantelando en las sociedades civiles avanzadas) constituye uno de
los peores obstáculos para la construcción de la cultura civil democrática
colombiana. Esta cultura debe abandonar el concepto universal y metafísico de
lo que es la democracia (forjado para el liberalismo europeo de mercado) y
abrazar los particularismos étnicos, sociales, de género, e inclusive
religiosos, que componen el conglomerado humano de nuestra nación. Función
sustantiva de este esfuerzo son: 1. Invertir la prioridad teórico-operacional
que se le asigna a los ‘derechos’ (entendidos en su sentido legal) para colocar
el énfasis en la ‘virtud’ (entendida en su sentido social, más que en el
ético).
En
términos prácticos, a la nueva cultura social colombiana incumbe crear sus
propios recursos de motivación, los que deben tener por norte el desarrollo de
las capacidad moral y la responsabilidad político-social del colombiano. Como
fin aplicable y necesario para llevar a cabo su tarea regenerativa de la
sociedad colombiana, lo anterior es un sine qua non. Y como la nueva Colombia
se creara con el aporte sustantivo de la sociedad civil, el anterior trabajo
debe ponerse en marcha en tanto se concita a la comunidad para que se alerte
ante cualquier interferencia o abuso de los gobiernos, del Congreso o del
conglomerado político oportunista, en la conceptualización del nuevo sistema
social de Colombia; y para que geste el propio. La sociedad civil colombiana
tiene tarea para mucho tiempo. l